Decir palabras.
Decir palabras y que nadie las escuche. Decir palabras y que todos sigan en la
suya, e intentar llamar la atención de alguien, intentar un instante de
contacto visual para que el otro, un otro, escuche las palabras dichas y nos
tienda un hilo, nos tienda un puente, y no poder. No poder tender el puente e
ir callando la voz. Ir callando las palabras que mueren sin ser oídas. Universo
a la basura. Mundo perdido. Decir palabras seguro de que nadie va a escucharlas
y que alguien las escuche. Decir palabras en voz baja casi para no abrir la
puerta y que un alguien mire y responda, que un alguien nos tienda el hilo
invisible del entendimiento e ir subiendo la voz. Ir subiendo la voz y decir
palabras todas juntas y amuchadas de emoción de haber abierto la puerta y haber
tendido el hilo. Decir palabras y que el esuchador mire con cara de sisisi
entiendo perfectamente, entonces decir más palabras, decir más palabras
envalentonado con las palabras y con el otro que entiende perfectamente con su
cara de exactamente y que de repente el otro diga una palabra y entender que
nunca entendió. Que el hilo no estaba. Entender que había un hilo de un lado y
otro hilo del otro pero eran hilos distintos que no se ataban, hilos distintos
a alturas distintas. Y decir ¿se entiende? Y que el otro se ria y comprobar que
no, no se entiende. O que diga Si, osea.. estás hablando de reupirichiquerielos
y ver que no había mundo. Que el mundo que habíamos abierto no lo habíamos
abierto y entonces querer abrirlo, querer abrirlo y a cada cara de no entender
del otro perder más la idea que creíamos tener tan clara. Y entonces decir
muchas palabras, escupir las palabras para que lleguen al otro, atorarse con
las palabras, vomitar las palabras, sacarlas todas juntas de la boca a la vez y
de repente no tener ninguna. No tener ninguna palabra para tender el hilo.
Tirar el hilo para que el otro lo agarre pero que el otro nunca llegue, nunca
llegue. Tirarlo hasta no entender que estamos haciendo tirando el hilo, qué es
el hilo. Como repetir mucho la palabra inodoro hasta no entender más qué mierda
es inodoro. Decir palabras –una vez, de vez en cuando- y ver en el otro cara de
sisisi entiendo perfectamente, entonces decir más palabras, decir muchas
palabras y que el otro mantenga su cara, y abra la boca y diga una palabra de
haber entendido todo, una palabra de hilo tendidísimo y agarradísimo con fuerza
de los dos lados y entonces sonrisas y mundo abierto al mundo y silencio de
partes que acuerdan haber demostrado el sentido de la vida.
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